Profesores: cómo hablar y conseguir que tus alumnos hablen

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Según Bain, la habilidad más significativa de los grandes profesores es la de comunicar oralmente en formas que estimulan el pensamiento. Cuanto más progresaban sus habilidades orales, mejor respuesta obtenían de sus alumnos.

Trataban cualquier cosa que decían a sus alumnos más como una conversación que como una actuación: involucraban a los alumnos en una conversación, tanto con sus palabras como con su lenguaje no verbal, asegurándose de que todos participaban en la discusión.Empezaban mirando a un alumno en particular y luego repartían la mirada entre todos los asistentes, incluidos los más alejados en grandes aulas.Leían las respuestas corporales de los alumnos para ajustar sus explicaciones en función de la reacción obtenida a sus palabras.Conocían los nombres de los alumnos y los llamaban por ellos.Usaban frecuentemente las preguntas retóricas.Salían de detrás de la mesa o del atril, evitando cualquier obstáculo artificial.Se detenían constantemente para pedir feedback a los alumnos, paraban para hacerles preguntas, hacían pausas de hasta 10 segundos para mirar a los alumnos y para permitir que sus explicaciones calasen.Aunque buscaban un tono conversacional, proyectaban su voz para incluir a todos los presentes en la conversación.En grandes aulas, hacían gestos más grandes que la vida. Sin importar el tamaño de la sala, hablaban y se movían como si quisieran involucrar a todos y cada uno de los estudiantes, hasta los de las últimas filas.Muchos habían ensayado previamente algunas de sus explicaciones.Todos hacían un esfuerzo consciente por evitar moverse de un lado para otro sin ton ni son o hablarle a la pizarraSe grababan en vídeo para tomar conciencia de muletillas verbales y gestuales molestas que distrajeran a sus alumnos y eliminarlas.También hablaban para los estudiantes de las últimas filas: los abarcaban con su mirada, gesticulaban hacia ellos y a veces les hacían preguntas.Habían trabajado su voz, para mejorar su timbre y eliminar vicios como mascullar o hablar para el cuello de la camisa.Cada 10 ó 12 minutos cambiaban el ritmo y contenido de la clase: alteraban la dirección o el foco de las explicaciones, o el contenido o las actividades, puntuando una explicación con historias o preguntas, o con nuevos ejercicios.

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